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poquetacosa

Toca Madera...

El panorama magufoide patrio, en su vertiente más popular y kiosquera está de enhorabuena. Desde hace unas semanas contamos en nuestros puntos de venta habituales o no, con una nueva publicación que viene a engrosar la ya de por sí surtidita fauna y, ya de paso abrir nuestras mentes cual puerta de chiqueros para darle entrada al morlaco de la maravilla más pachanguera. El nombre de la cosa es «Toca madera y conviertete en mágico». Ahí es na. Pero pongámonos en antecedentes.

Hace bastantes años, era yo cliente irregular de publicaciones como Ano Cero y Más Allá de la estulticia. Sin embargo hace tiempo que no compro ninguna publicación de este tipo. Vale, soy consciente de que para criticar algo hay que conocerlo primero, sin embargo para encontrar maguferías ya no hace falta pasar por el kiosco, un simple paseo por la red de redes suele bastar y sobrar para encontrar material. Además, este tipo de publicaciones suelen pseudoplagiarse en sus postulados y, qué quieres que te diga, conozco formas mucho mejores de aburrirme. La publicación que nos ocupa hoy, por haberme pillado en un día tonto, y además tratarse de una primera entrega, constituye una notable excepción que, me temo va a confirmar mi regla de no gastar dinero en chorradas durante bastante tiempo.

Decir que es un bodrio sería mucho decir. Pero echémosle un vistazo superficial antes de entrar en detalles que por un motivo u otro han llamado mi atención. Para empezar nos damos cuenta de que con la excusa del regalito de rigor –un «oráculo azteca» en este caso- la cosa viene profilácticamente plastificada. Para evitar contaminaciones por malas energías supongo. O más bien para evitar un hojeo previo al pago; sana medida ésta, que en este caso echaría para atrás hasta al magufo más recalcitrante. Otro detalle en el que reparamos nada más aflojar los 2.90 € que cuesta la broma, es en su patética delgadez: 68 páginas incluyendo las tapas, y aparte el regalo: una cartulina troquelada y llena de colorines en el anverso y frases chorras en el reverso que contiene las 16 cartas de que consta el oráculo de marras, cartas que, si nos atenemos a las instrucciones de uso y disfrute deberemos separar siguiendo las líneas de puntos y usando la mano izquierda. La cara de tonto que se le queda a uno al sopesar el producto mientras la caja registradora hace cling cling, se agudiza al comprobar que de esas 68 páginas, 14 están dedicadas a la publicidad del ramo. A saber: mucho 806, mucho colorín místico, mucho careto esotérico, y mucho –esto mucho más mundano- simbolito de Visa, Mastercard y demás trocitos de plástico que hacen nuestra vida más fácil.

Vamos a ver qué nos queda. El titular central de la portada está dedicado a las casas encantadas, tema este, como todo el mundo sabe de candente actualidad. Tambien se trata la lectura de los huesos de los dátiles –esta magufada no la conocía- y, cágate lorito, prometen mostrarnos el rincón oculto de un actor porno; que dado el oficio del paisano debe andar por debajo de las uñas sobre poco más o menos. Lo del actor porno descoloca un poco pero se comprende enseguida; porque si echamos un vistazo a los créditos, nos damos cuenta de que la empresa editora es nada más y nada menos que Adult Video Films S.L.. Organización que como todo el mundo sabe es mundialmente conocida por sus acojonantes –y nunca reconocidos por la ciencia oficial- logros en la cosa de exponer, investigar, y dar solución a todo tipo de misterios para-anormales.

La editorial, a modo de presentación y firmada bajo pseudónimo –claro- nos deja claras un par de cosas. A saber. A la abajofirmante le encannnta escribir, y lo hace muy bien, pero como sus posibles lectoras son gilipollas no va a hacerlo tan bien como sabe porque no pillarían ni una. Tambien queda más o menos claro que la abajofirmante –La Bruja por mal nombre- tiene un don y sabe cosas que, de hacerse públicas conseguirían que nos hiciéramos caquita en los pololos pero que no piensa contárnoslas porque ella es una persona enrollada y consciente de que el coeficiente intelectual medio de su parroquia es comparable, en textura y amplitud, con el de un botijo de esos de «estuve en Valdetortas y me acordé de ti». Poco despues en una maniobra de acercamiento consistente en un guiño cómplice, nos cuenta de que ella, dones aparte, tambien es un ama de casa dinámica, de su tiempo y tal y tal. Otro cómplice «bienvenidas» nos deja claro a qué tipo de público va dirigida la revista: ama de casa de mediana edad y con una formación académica media-baja. Aquí me permito un inciso para poner de relieve algo que «La Bruja» parece no saber: las amas de casa de mediana edad y con una formación académica media-baja distan muchismo de ser tan gilipollas como ella parece creer; y llevan a cabo todos los días, y cuando digo todos los días quiero decir TODOS LOS DÍAS, tareas que harían que un tiburón de Wall Street se pusiera a llorar como una magdalena de encontrarse en la misma situación. Y sin despeinarse ni perder la sonrisa. Con dos cojones.

El sumario podría obviarlo, sin embargo llama la atención que nos prometan, que cuando lleguemos a la página 30 aprenderemos las técnicas jíbaras para reducir cabezas. Una enseñanza de bastante mal rollo, me permito añadir.

Y llegamos a la sección de curiosidades. Aquí nos encontramos con que un tal Edgar Friendich nos conmina a que no pensemos. Bueno, es lógico. Y digo más, si existiera un libro sagrado para el magufete de infantería, creo que ese sería su primer mandamiento. Luego el fulano se explica. La razón para no pensar es la existencia de «vampiros psíquicos»; unos pseudo-jetas que se dedican a robar buenas ideas. Más tarde la cosa se suaviza, y resulta que lo que no debemos hacer es verbalizar nuestras ideas geniales no vaya a ser que cualquier vivales nos las fusile. Pues bien, todas estas chorradas en doce líneas a media página. El julai este del Edgar (del que viene una foto muy meditabundo él y como sujetándose con el pulgar las ideas para que no se le escapen) creo que antes se dedicaba al espionaje industrial pero lo echaron por gilipuertas. La sección de curiosidades, despues de varias chorradas más sobadas que la pechuga de la Berrocal, termina contándonos cómo los semáforos nos indican la forma de dirigir nuestras vidas. Si los encontramos siempre en verde: de puta madre, si están en ámbar: mal rollito pero tiene arreglo, si se ponen coloraos a nuestro paso: chungo chungo chungo.

Con ese nombre no podía faltar una sección llamada Mundo Supersticioso y subtitulada «por si acaso…» y está dediciada precisamente a eso, a las supersticiones. Bueno, podría ser peor, podrían llamarlas «sabiduría popular». Aquí más chorradas más vistas que el funeral del Papa y algo original. Resulta que si hacemos puenting, debemos hacerlo en luna creciente y levantando la pata izquierda en el momento del salto. Tambien se nos recomienda que, mientras caemos, en lugar de gritar Jeronimooooo y hacernos pipí encima, pensemos con fuerza en un deseo. En mi caso, el deseo fue: «que aguante la cuerda, porfa, que aguante la cuerda y no volveré a hacerlo». Y oye, funcionó. Y eso que había luna nueva y yo tenía resaca. Eso sí, unas gotitas se me escaparon.

Y por hoy ya está bien. Tengo hora con mi charlatán de cabecera para que me de un masajito en el yo interior y me ponga los chakras a punto de nieve. En un próximo post entraré más a fondo con algunos artículos de la revistita de marras justo antes de que acompañe al oráculo azteca en el sueño de los justos del contenedor de reciclado de papel. Sin embargo antes de irme quiero emular a mi admirado Juan Dámaso (Vidente) y hacer una predicción: a esta publicación le veo yo menos futuro que a un consolador en la puerta de un convento.
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3 comentarios

poquetacosa -

Agradezco en lo que valen vuestras muestras de adhesión. En este tema ha estado a punto de salirme el gorrino mal capado y he estado a pique de sufrir un mal rollo bastante chungo con molestias gástricas asociadas.

Gracias por el fichaje Manolo. De hecho estoy trabajando una noticia que parece hecha a propósito para The Teleplastic Inquirer.

razonesparadudar -

Gran relato, has demostrado poseer un estómago de hierro al ser capaz de despedazar con atención semejante "publicación".

Manolo "elmas" -

Cojonuda crónica. Quedas fichado automáticamente como colaborador de The Teleplastic Inquirer. Allí esperamos tu sano cachondeo y mala leche (esta no tan sana, a dios gracias).
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