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poquetacosa

Cajón desastre

Campaña electoral.

Campaña electoral.

El gabinete de análisis político de poquetacosa, ha llegado a la conclusión de que los argumentos políticos de los principales partidos para la presente campaña electoral puede sintetizarse en tres sabias palabras.

 

  • Y tú más

La imagen que ilustra esta entrada la he sacado de aquí.

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Memoria histérica.

Memoria histérica.

En plena campaña electoral, con los políticos dispensando fellationes a cuantas pollas se ponen al alcance de su boca, paseaba yo ayer por Valencia cuando me encontré el cartel de propaganda electoral que ilustra esta entrada.

Si tenemos en cuenta que la Ley 15/1997, de 25 de abril sobre la habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud, que es la que permite que se esté privatizando progresivamente un sector tan sensible como es la sanidad pública, salió adelante gracias a los votos a favor de PP, PSOE, CC, CiU y PNV. Y a pesar de los votos en contra de IU, BNG uno llega a la conclusión de la mierda de políticos que nos toca sufrir en este pobre país (vale, de acuerdo, no merecemos nada mejor) exhiben una falta de respeto por sus votantes que roza el esperpento.

De canis y yessis.

De canis y yessis.

Hoy, para variar no voy a despotricar ni voy a poner a nadie como chupa de dómine. Este post es solo un medio para compartir mi perplejidad. Y la cosa va de canis.

Hasta hace unos meses yo ingoraba felizmente la existencia de este apasionante colectivo. Alguna vez me he cruzado con grupos de lo que, más tarde lo supe, eran canis y no he tenido con ellos ningún problema. Tal vez mis pintas y mi tamaño hayan tenido algo que ver. No sé, pero a mí no me parecen tan malos ni tan peligrosos, a pesar de lo que se diga por la mayoría de los sitios que he visitado en esas redes de Dios. El caso es que me producen una morbosa fascinación y de vez en cuando echo un rato buscando información sobre ellos.

Hoy mismo he encontrado un documento curioso en un foro nada recomendable para espíritus medianamente elevados y me gustaría compartirlo. Me ha resultado curioso, porque el estilo de redacción del mensaje que pegaré a continuación es inquietantemente parecido al mío en algunos momentos. Claro está, mi forma de ver la vida difiere sustancialmente de la del autor, pero eso lo comentaré al final. Cedo la palabra a Er_ChAnO:

“La verdad:

Me entristece profundamente todo lo que aquí se está diciendo sobre mis adorados canis y mis amadas jessys
[en el foro los ponen a caer de un burro]. Todo esto es digno de gentes poco conciliadoras y sobre todo, con poca visión de lo que en realidad es el mundo. Pero no preocuparos. Yo os lo explico.

Supongo que lo deseable, al menos para la mayor parte de la gente, sería vivir en una especie de Mundos de Yupi donde todos fueramos iguales, tuvieramos las mismas oportunidades, los mismos recursos, patatín, patatán. Pues no, eso no ocurre. En el mundo real no somos todos iguales. Existen fuertes y débiles, listos y tontos, guapos y feos; aunque esto último no sea mas que una apreciación temporal sujeta a los vaivenes de las modas. En el mundo real, señoras y señores, lo que prima es la ley de la selva: el fuerte maltrata al débil, el listo engaña al tonto y el guapo (y a ser posible rico) folla mientras el feo (y pobre) se la casca. Y no hay más. Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas, pero si lo dejas será bajo tu propia responsabilidad; y tendrá consecuencias.

Y aquí es donde entran mis adorados y necesarios canis.

Toda sociedad competitiva y cruel como la descrita arriba necesita sus parias: alguien tiene que hacerse cargo de los trabajos ingratos y mal remunerados para que los demás podamos vivir de puta madre. Los canis son entonces, el semillero del que saldrán los parias de nuestra sociedad. Sin embargo los parias suelen tener un serio defecto: tienden a creer que son mejores de lo que en realidad son (en algunos casos hasta es verdad y todo) y si consiguen organizarse pueden poner en aprietos a quienes estamos cómodamente instalados en los pisos superiores de la pirámide. Los canis sin embargo carecen de este incómodo rasgo: ellos y sus jennys son parias y además, en virtud de alguna enrevesada pirueta mental que no alcanzo a comprender en toda su magnitud, no aspiran a otra cosa que a seguir siéndolo pues están orgullosos de ello: no aspiran a superarse, no desean ser mejores porque ya están convencidos de que son lo más de lo más.

Es cierto que en casos muy puntuales pueden mostrarse levantiscos, violentos y antisociales; que pueden llegar a ser peligrosos. Sin embargo este detalle, que por otra parte es fácilmente controlable, no alcanza para eclipsar el resto de sus virtudes sociales. Porque los canis, si los sabes llevar, si conoces someramente los registros que les gusta oír y sabes interpretarlos, son más simples que el mecanismo de un botijo y tan dóciles como el más tonto de los borregos. Son consumistas, hipócritas, superficiales e individualistas. Incapaces de organizarse más allá de las patéticas tribus formadas por sus círculos más cercanos. En cualquier caso, incapaces de organizarse hasta el punto de suponer un problema. No son mas que carne de cañón y, lo que es aún mejor, no aspiran a dejar de serlo.

Y no creáis que hablo por hablar, qué coño. Hablo con conocimiento de causa. Yo no era mas que un friki aficionado a la electrónica, sin más salida profesional que algún trabajo-basura con bajo sueldo y altos requerimientos técnicos. Sin embargo un buen día llegaron los canis y todo mejoró. De hecho desde que monté el negocio (disculpadme si no doy detalles en este sentido) son mis mejores clientes. Os maravillaría comprobar la cantidad de pasta que son capaces de gastarse en auténticas chorradas. Paradójicamente, el mismo cani que te abre la cabeza si le niegas un cigarrillo, pedirá prestado, robará, incluso se matará a trabajar como peón de albañil con tal de añadirle el último accesorio a su “tanke tuneao”. Y pagará religiosamente, al contado y sin rechistar el desorbitado precio que quieras ponerle al cacho de plástico o al altavoz chino en cuestión. En este sentido son una puta mina. Alguna vez, no lo niego, he tenido problemas a la hora de cobrar, sin embargo ellos mismos se autorregulan; solo tienes que hablar con la persona adecuada en los términos precisos y el moroso pagará presionado por sus propios correligionarios o se arriesgará a perder su estatus como mínimo. Gracias a ellos estrené la semana pasada una Ducati 1098s. Al llevarla a la tienda me hicieron gracia algunos de sus comentarios, entre ellos el “macho dominante” que afirmaba con total convencimiento que él tendría una moto como la de Er_ChAnO (el mote es figurado). Yo que estaba escuchando mientras hojeaba un catálogo sonreía para mis adentros: podrías tenerla perfectamente, gilipollas, porque esa moto cuesta poco más de la mitad de lo que te has gastado en dejar irreconocible la mierda de coche que conduces. Sin embargo nunca la tendrás porque no eres capaz de hacer planes con más de una semana de antelación y tienes el cociente intelectual de un huevo de pato.

Y qué decir de las jennys. Son una puñetera mina de carne firme, joven y complaciente. No os equivoquéis, detrás de ese maquillaje desquiciado y esas pintas de puta barata hay algunas mujeres realmente guapas. Y complacientes. El único problema puede ser, tal vez, que hablen; pero qué coño, no hemos venido aquí para tener una conversación. Me duele que las llamen putas. Las putas son profesionales con todo lo que ello supone. En el caso de las jennys, si sabes elegirlas y tratarlas, con la mínima inversión que supone medio gramo de periko (algunas veces ni eso) te puedes montar unos números que no se le pasarían por la imaginación ni al director de porno más colgado. No, definitivamente no son putas, pero tienen sus marcos morales tan sumamente tronados que son capaces de hacer cosas que sonrojarían a la puta más bregada. El truco está, paradójicamente en no tratarlas como putas sino hacerles creer que lo que hacen, lo hacen por rebeldía, por transgresión, pero sobre todo por propia elección. Ese es el truco, la propia elección. Porque tanto jennys como canis, como buenos imbéciles que son en la mayoría de los casos, también son susceptibles desconfiados y les gusta pensar que sus acciones no tienen otra motivación que el "porque yo lo valgo".

Y claro, así les va. Y les irá. Con el tiempo desaparecerá la belleza, los coches de colorines dejarán de ser una opción. Se irá la juventud y no quedará mas que resentimiento. Pero ellos seguirán igual, seguirán siendo lo mejor de lo mejor: carne de cañón.

Pero por mí, que sigan. Ellos felices y yo tambien”


Bien. El que ha escrito esto, caso de que sea cierto lo que dice, es un grandísimo hijo de puta. Sin embargo lo que más me toca las narices es que tiene toda la razón; nos está describiendo una sociedad de parias controlados por una élite desalmada. La efectividad de la fórmula se basa en que los parias no solo ignoran que lo son, sino que piensan que son una élite.

Así que, los que os llamáis canis a ver si os ponéis las pilas y despertáis.

Antes de terminar este tocho, quiero aclarar que cuando trato un tema en el que hay varias posiciones enfrentadas me gusta conocer todos los puntos de vista. Desgraciadamente el punto de vista de los canis me ha resultado muy difícil de conocer sencillamente porque no comprendo el idioma en el que escriben.

Algunos enlaces:

Frikipedia. Cani

Inciclopedia: Cani . Este está, en su mayor parte fusilado de la Frikipedia, sin embargo contiene la transcripción de una conversación de canis en un chat. Si alguien entiende algo le agradeceré que me lo traduzca.

Todocanis.com La foto que ilustra la entrada la he sacado de aquí. ¿Será que tengo un mal día o es verdad que hay algo de patético y anhelante en sacarle una foto a una zapatilla en la tienda para luego colgarla en internet?

Foros Lokamagazine: Aquí se puede encontrar el original que he entrecomillado.

 

Deseducación

Deseducación

"Las ikastolas con al nacionalismo vasco lo que las madrasas al Islam: lugares donde se vacía a los niños de toda multiplicidad para llenarles la mente con una única idea."

(Poquetacosa después de una exhaustiva visita al Ferevin

La visa® oro Banesto, y la madre que los parió a todos.

La visa® oro Banesto, y la madre que los parió a todos.

Aviso que hoy vengo calentito y voy a ser malhablado. Los espíritus sensibles, políticamente correctos y presuntamente inocentes mejor que no sigan adelante.

Hace algún tiempo, no recuerdo exactamente cuanto, la parienta y yo recibímos por correo sendos sobrecitos con el membrete de Banesto, banco del que somos clientes. Dentro de los sobrecitos ¡Oh sorpresa! una carta muy sentida y muy pelotillera: que si por ser clientes cojonudos, que si patatín, que si patatán, y una visa® oro Banesto. Despues de digerir el almíbar y el glamouroso momento, decidimos que con la pasta que tenemos, nos basta y nos sobra con la tarjeta del cajero y la visa de infantería, que una visa® oro Banesto es algo que no necesitamos. Porque vamos a ver, eso de llegar a Tiffany´s o a Harrod´s, llenar tres carros, o cinco cestitas de diseño de productos innecesarios y carísimos, y tirar de tarjeta dorada al pasar por caja, debe ser la polla en bicicleta; un momento casi orgásmico. Sin embargo, si el trocito de plástico no está respaldado por cinco o seis ceros con un uno (o un número mayor) delante en la cuenta corriente, la cosa no deja de ser mas que un adorno caro para la cartera, que además te cuesta quebraderos de cabeza, malos rollos e insatisfacción. En la cartita, eso sí, nos dicen que para poder usar la tarjeta deberemos activarla antes, que si no la activamos aquí no ha pasado nada, la tarjeta seguirá siendo un trocito de plástico sin más valor que el decorativo y seguimos tan amigos. Y una mierda como un seiscientos, pensamos la parienta y yo que en cuestión de bancos somos como el gato escaldado. Así que hacemos una visita que debería haber sido innecesaria a la sucursal de Banesto en Requena y le decimos a la gente de allí (por cierto, si seguimos siendo clientes de ese banco es por el trato que nos dan en la sucursal, si no, de qué) que no queremos las tarjetas, que las envíen a quien corresponda y que a ser posible, el susodicho o susodicha, se las meta bien metidita por donde no brilla el sol en pago por habernos hecho perder el tiempo. Y así quedó la cosa, o eso creíamos nosotros hasta finales del mes pasado, cuando nos encontramos dos cargos en la cuenta por valor de 25 leuros cada uno, y en concepto de comisión de tarjeta de crédito. La jefa que se va al banco para pedir explicaciones, y tras la comprobación pertinente le comunican que los cincuenta del ala corresponden a la comisión de dos tarjetas visa® oro Banesto. El cabreo fue considerable, pero fue aún mayor cuando tras el asesoramiento de la chica del banco y la llamada correspondiente, se avienen a anular la tarjeta de ella pero no la mía “porque no me encontraba presente para autorizarlo”. De nada sirvió que la empleada de la sucursal hablara con buenos modos con la teleoperadora de Madrid, de que le explicara que las tarjetas nunca habían llegado a ser activadas. Que no, que nones, que verdes las han segado, que la tarjeta la anula el titular o nadie; a pesar de tratarse de una cuenta conjunta, de estar uno de los titulares presente, y de que la del banco se hiciera personalmente responsable de que dicha anulación estaba debidamente autrizada. Total, que me toca llamar personalmente, identificarme poco menos con la papela en la boca, con huellas dactilares y con escaner de retina, y aun así... nones. Eso lo achaco yo, a que la teleoperadora debía ser tonta del culo porque despues de ciscarme en la visa® oro Banesto, en el Misterio del Orient Express y en varias generaciones del hideputa al que se le había ocurrido que yo necesitaba una nueva tarjeta de crédito sin molestarse en consultármelo, seguía, la pánfila, intentando venderme la moto. Total, que al final consigo convencerla (lástima no haber grabado la conversación porque si ha habido alguna vez una conversación de besugos fue esa) y me comunica que en un par de días recibiremos un reintegro por el importe sustraído. Pues bien. Ha pasado un mes y de reintegro nada. De hecho estoy empezando a dudar que dicho reintegro llegue a producirse. Paso de volver a llamar porque si tengo que soportar otra conversación como la que tuve, o corre la sangre o a mí me da un jamacuco del mismo cabreo, que uno ya está entrando en edad de peligro cardiaco.

Y es que lo de los teleoperadores (y que me disculpen los profesionales decentes, si los hay), sobre todo los de televenta: que si servicios de internet, que si tarjetas, que si préstamos que son una ganga, oiga, tiene cojones. Les dices en buen castellano que lo que te ofrecen no te interesa, que de hecho tu opinión no ha cambiado en las veinte últimas llamadas, y ellos como quien oye llover: “¿entonces no le interesa el chollo que le ofrezco?”. Pues no, no me interesa, si llega a interesarme no dude usted que me pondré en contacto con ustedes. “Ah, vale ¿Me permite entonces que le explique las ventajas de nuestro chollazo?... Es que son de piñón fijo. Y esto de la venta telefónica aún lo trago, al fin y al cabo las criaturas tienen que comer y es muy triste no valer para otra cosa, porque supongo que los que valgan durarán poco en el negocio del spam telefónico. Lo que no aguanto es que un Hijo de la Gran Puta meta la mano en mi cuenta bancaria. Eso sí que no. Sin embargo no creo que pueda hablar con él, o con ellos; solo podré ciscarme en las muelas de algún pobre desgraciado que, al fín y al cabo lo único que hace es tratar de ganarse la vida en un trabajo ingrato. Lo que sí tengo es derecho al pataleo e internet es una herramienta cojonuda para eso. Así que a ello voy:

Estimado capullo:

Te imagino en tu despacho con aire acondicionado. Con tu traje caro y tu escritorio de diseño. ¡Venda! ¡Compre! ¡Judith, traigame usted un café y hágame una mamada! Ahí, imponiendo. Con el caracolillo cuidadosamente engominado detrás de la oreja y esa sonrisa de tiburón bancario que te ha hecho famoso en el mundillo y que ensayas cada mañana, justo despues de cascártela en la ducha. Te imagino presentando la campaña de la Visa® oro Banesto. Con sus correspondientes gráficos proyectados en Power Point, sus riesgos, sus estimaciones: “de cada tantos pardillos caerán cuantos”, tal vez alguna salida jocosa (pero no demasiado) para aliviar tensiones. Ese día estuviste glorioso. De verdad. Dejaste a tus superiores (todos de tu misma ralea) impresionados: “Este muchacho vale”, “Llegará lejos”... Vamos, que no te das palmaditas en la espalda porque no llegas. Para vosotros, los que estamos en la base de la pirámide no somos personas, ni siquiera somos clientes; somos meros números cuya única razón de existir es haceros cada vez más ricos.

Pero te equivocas. Colega. Mira, a mis ojos y a los de la mayoría de la gente tú no eres lo que imaginas. Tú eres al mundo real lo que un spammer es a internet: un vulgar mierda al que todo el mundo odia. No solo eso, por meter la mano en mi cuenta bancaria (o propiciar que se le meta mano, me da igual) para cobrarme un servicio que no he solicitado y que incluso he rechazado explícitamente, no eres mejor que el último de los chorizos. Sí, todo es cuestión de grados ¿Verdad? El que roba una gallina es un ladrón, el que roba millones, un genio de las finanzas. Pero eso no es así. Moralmente no eres mas que un puto cuatrero con un traje caro y un buen coche. Un Hijo de la Gran Puta a todos los efectos, vamos. No, amiguete, no tienes un buen coche y un chalet cojonudo porque te lo hayas ganado, sino porque los mierdas de los políticos que tenemos la desgracia de sufrir os hacen el caldo gordo mientras legislan acorralando cada vez más al consumidor, a la base de la pirámide, o simplemente miran hacia otro lado sin olvidarse, eso sí, de poner el cazo mientras vosotros os dedicais a vuestros saqueos.

¿Crees que eso puede durar siempre? Yo creo que no. Con vuestra irresponsabilidad, vuestra cultura del pelotazo y el enriquecimiento rápido estais matando a la gallina de los huevos de oro, mordiendo la mano que os da de comer. Y eso no es bueno, colega. Todo tiene un límite. Solo espero que no tenseis demasiado la cuerda porque si se rompe, no va a ser bueno para nadie. Te haré una confidencia: a veces casi deseo que lleguéis demasiado lejos y que todo os estalle en los morros, por el simple placer de veros a algunos de vosotros bien colgaditos por las pelotas. Recuerda: nosotros somos más. Muchos más.

Sin otro particular, y deseándole a usted que desarrolle un cálculo renal con el tamaño de un garbanzo y la textura de una estrella ninja, reciba un afectuoso saludo.

Poquetacosa.

ACTUALIZACIÓN A 2/9/2007: Aquí , uno diciendo algo parecido pero diciéndolo con más oficio.

Pequeños pirómanos

Pequeños pirómanos

Aplaudo de corazón este tipo de iniciativas, ya que estamos ¿Para cuando una ley que obligue a equipar a los idiotas con dispositivos de protección parecidos? 

(La imagen es de Producciones Bambalina )

Almudena Grandes: aconsejadora literaria.

Almudena Grandes: aconsejadora literaria.

Un lector de 20minutos pregunta a Almudena Grandes por qué es tan difícil publicar si no eres un autor conocido. Ella, sin despeinarse le responde entre otras cosas lo siguiente:

  • Preséntate a algún premio que no sea comercial (PLaneta, etc.)...

 

A mí no me gusta dar consejos, pues soy un firme defensor del derecho de cada cual a equivocarse por su cuenta, sin embargo sí me gustaría hacer una sugerencia a Dª Almudena: debería usted dedicarse a la política, pues al parecer su contacto con la realidad no tiene nada que envidiar al de alguno de nuestros ínclitos representantes.

Eso de la Fe

Eso de la Fe
  • La Fe es lo que nos da Dios para que podamos comprender a los curas.
Respuesta auténtica (o eso me han dicho) en un examen de la ESO.
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Estoy muy liado.

Estoy muy liado.

El Camarada Bakunin , me pregunta en un comentario a qué se debe mi prolongada ausencia. Pues bien, la foto lo explica bien. Si lo llego a saber, me compro la casa terminada y me habría ahorrado los ominosos quebraderos de cabeza que proporciona eso que llaman autopromoción. Eso por no hablar de las horas que le estoy echando.

 Pero no desesperemos, ya casi está y a principios del año próximo espero tenerla terminada. Entonces volveré a cumplir el principio de los tres ochos: ocho horas para el trabajo, ocho horas para el ocio y ocho horas para el descanso. Porque lo que es ahora, son ocho horas para el trabajo, las que hagan falta para la casa, y el resto para las pesadillas.

  

Competencia desleal.

  • Los políticos me están haciendo competencia desleal.

Albert Boadella, bufón y fundador de Els Joglars.

Este siempre ha sido un mundo duro para los cómicos.

Nasías pa matá

    Hace unos días, podíamos ver en televisión un aununcio en el que un tierno infante dibujaba un soldado. Al soldado no le faltaba detalle... o sí, le faltaba uno. Podíamos distinguir el casco y el uniforme de combate con sus colores de camuflaje estándar de lo más conseguidos; sin embargo el soldado no tenía escopeta (fusil de asalto, subfusil ametrallador, o lo que sea) que es, como si dijéramos un rasgo distintivo de cualquier soldado del mundo mundial. Como colofón y al modo de los niños, vemos como el que dibuja un soldado, se dispone a identificar su retrato mediante la preceptiva flechita. Al final de la flechita pone «mamá». ¡Toma ya! Me dije yo. Luego la imagen cambia y vemos caminando hacia la cámara tres intrépidas guerreras, que vestidas con sus sonrisas profidén de modelos profesionales y uniformes de los tres ejércitos invitan a las mujeres a que se enrolen en la cosa militar. La voz en off decía algo así como que somos el ejercito con más porcentaje de mujeres (junto con el norteamericano), que si venga tías, que si podemos conseguirlo...

    No sé si habéis visto ese anuncio, pero cuando yo lo ví eché de menos a Miguel Gila. Que solos nos has dejao maestro, hay que ver como se echa de menos tu ironía y tu mala leche; y el partido que le habríais sacao tú y tu teléfono a este mundo desquiciado.

    Porque llamadme machista, pero soy de los que piensan que las mujeres en el ejército no pintan nada, al menos no pintan nada en las unidades de combate. Tal vez sea porque yo soy de los que hizo la mili antes de que nuestros queridos representantes electos, transformaran el ejército español en una ONG. O al menos no antes de que empezaran a pintárnoslo como tal. De mis tiempos de soldado saqué un par de cosas en limpio: una de ellas fue una buena forma física junto con impagables enseñanzas en el noble arte del escaqueo; la otra fue una idea bastante clara de qué es un ejército. Y un ejército es una herramienta del estado que sirve básicamente para dos cosas: en el caso de estados agresivos que es lo mismo que decir poderosos para arrebatar por la fuerza cosas (territorios, recursos, etc.) que otros estados no quieren ceder de grado; y si el estado es menos poderoso y por tanto menos agresivo, el ejército sirve para defender lo que tienes y otros te quieren arrebatar, ya sea mediante el ejercicio de la fuerza, o mediante la exibición de ésta. Bien es verdad, que los ejércitos también son una herramienta nada desdeñable en caso de catástrofes que por su magnitud superen la capacidad de los medios previstos para tal fín; al fin y al cabo constituyen una fuerza humana nada desdeñable, generalmente disciplinada, y dotada de medios. Sin embargo este último no es su cometido principal: una espada puede muy bien cortar el pan pero no fue diseñada para eso.  Quizás sea por eso que mi definición de soldado difiere un poco de lo que parece tener en la cabeza nuestro paritario gobierno. Para mí, un soldado es básicamente, un cabrón con mala leche y una escopeta, cuya profesión es la violencia y al que conviene tener de tu parte (esta definición no es mía sino de un tal Pérez-Reverte ). Lo demás son milongas y eufemismos.

    A un soldado se le suelen pedir o inculcar mediante el entrenamiento tres virtudes. A saber: disciplina, honor y una inclinación tanto física como mental para ejercer la violencia. Las dos primeras están supeditadas a la última. La disciplina sirve para canalizar la violencia hacia el fín perseguido por el Estado y el honor es la capacidad de, llegado el momento dejarte destrozar o destrozar a otros sin titubear, en aras de un «proyecto superior» que no tienes por qué entender demasiado bien. Resumiendo. Un soldado, si se le despoja de definiciones rimbombantes, uniformes, medallas y heroísmos, no es mas que un asesino legal. Un mal necesario en un mundo violento.

    Y claro, yo no entiendo qué necesidad hay de meter a las mujeres en estas mierdas. Porque por mucho que se empeñen esas feministas trasnochadas de tetas caídas y coños peludos cuya idea del feminismo no es mas que un machismo puesto del revés, hombres y mujeres no somos iguales. Ni mucho menos. A pesar de que existen territorios comunes, hombres y mujeres somos distintos y para llegar al mismo sitio solemos seguir sendas mentales completamente diferentes. Me gusta pensar que somos complementarios. Pero de iguales nada. De hecho, la persecución cerril de la igualdad a cualquier precio me parece una chorrada cuyas consecuencias son que muchas mujeres, en su afán por igualar a los hombres están copiando nuestros peores defectos dejando de lado virtudes de las que nosotros carecemos, y que ellas identifican erróneamente como taras o debilidades. Porque vamos a ver, la agresividad es un defecto masculino, no hay mas que echar un vistazo a nuestro alrededor para ver que la inmensa mayoría de los delitos violentos están cometidos por personas que tienen pilila.

    Para terminar con este tema y antes de que comience a lloverme mierda, me gustaría dejar claro que no abogo por un universo femenino de pata quebrada, misa de ocho, culebrón y apertura de patas los sábados por la noche. Hay territorios comunes en los que sí se puede hablar de igualdad, hay otros en los que se puede hablar de mayor idoneidad masculina, y otros en los que las mujeres nos dan a los tíos sopas con onda. Yo, sin ir más lejos, desarrollo mi actual trabajo junto con una compañera a  la que admiro profundamente, tanto por sus conocimientos como por sus métodos. Cuando hay que llevar a cabo cualquier acción comprometida nos consultamos y yo me aprovecho  tanto de su sutileza y sus estrategias envolventes, como ella de mi  actitud más directa y cierta capacidad para separar paja y grano. Trabajo en equipo, que se llama y que consiste ni más ni menos que en aprovechar las virtudes del otro y en parte utilizarlas para suplir las propias deficiencias.

    Sin embargo, perdonadme, pero yo eso de las agresivas caballeras legionarias lo considero una chorrada como un piano de cola.

Los reyes visitan Requena.

Los reyes visitan Requena.

Ante la inminente visita, el día 16 de marzo, de SS.MM. los Reyes de España a Requena , podemos leer lo siguiente en un bando del alcalde:

«... como Alcalde de Requena, animo a todos los habitantes del Municipio a que engalanen ventanas y balcones y salgan a la calle el próximo día dieciséis, como muestra a los Reyes del cariño y reconocimiento ... »

Y a mí que esto me recuerda algo ...

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Un golpe de timón

Este garito en el que ahora te encuentras, amable lector (¡Hola mamá!) nació, como ya dije en el primer post, con vocación de válvula de escape para la mala leche. Y así va a seguir. Sin embargo la realidad a palo seco es jodida de digerir, y el universo magufo a pesar de los peligros que encierra lleno como está de paladines de la imbecilidad es, en el fondo muy aburrido. Los mismos idiotas diciendo las mismas idioteces terminan por cansar.

Uno de los métodos que tengo yo para escapar de estas cosas consiste en sumergirme en mundos e historias ficticias y mi intención es poner algunas aquí para uso, disfrute, y posiblemente tambien para desespero de los pocos que me visitáis. Las desbarradas indignadas que tienen como protagonistas a políticos, magufos, y demás especies carroñeras pueden ser distribuídas, fusiladas, retocadas y todo lo que se os ocurra. No ocurre así con las historias ficticias. Esas tambien pueden ser copiadas y distribuídas siempre que se respete la firma y nunca con ánimo de lucro. Sí, ya sé que hay que estar muy loco para tratar de lucrarse vendiendo lo que yo escribo, pero cosas más raras se han visto. En el caso hipotético de que hubiera alguien lo suficientemente loco, no tiene mas que ponerse en contacto conmigo para negociar la mejor manera de hacerme llegar mi 10 % ;-).

Y sin más rodeos, a continuación dejo un par de esas historias: un acercamiento al maravilloso mundo de Salannah, y la historia de un pobre imbécil.

Que te diviertas.

Y llegó la Navidá

Yo soy un tipo de pueblo pero por los pelos; de hecho no soy de monte por una cuestión de 150 metros sobre poco más o menos. Y en el pueblo sigo. Supongo que debido a esto, cuando viajo a una ciudad grande –en este caso Valencia- el impacto navideño que sufro es más acusado que en otras personas más cosmopolitas. Esas luces, esas sonrisas un poquito psicóticas en la gente cargada de bolsas llenas de comida, que en un milagro de multiplicación lo único que ha multiplicado es su precio y regalos de esos de X´99 €. Pero no es eso lo que transportó a mi hilo de pensamiento hasta la teoría que en seguida expondré. La culpa fue de la decoración de un centro comercial junto a la estación de autobuses: Era la representación de una especie de belén tal y como lo imaginaría un psicópata con mal gusto. Todo lucecitas de colores, intermitencias y deslumbres para mis ojos poco acostumbrados a tanto despliegue. Y claro, el pensamiento que siguio a semejante visión no podía ser otro: joder Lvisen –me dije-, si Aquél que nació, se supone que para redimir nuestros pecados y toda esa mandanga viera eso, se le caían las filacterias del mismo susto. Porque yo, ateo como soy, tengo mi educación religiosa como casi todo hijo de vecino en este país. Y lo que el cura de mi pueblo enseñaba era que estas eran unas fiestas de reconciliación, buena voluntad, villancicos y todo ese rollo. Pero del consumismo y neoliberalismos salvajes, oye, no dijo nada. Entonces, pensando pensando, sin comerlo ni beberlo, surgió

La Teoría Navideña.

Ese tal Jesús, que según todos los indicios era un buen tipo y tal, nunca podría estar de acuerdo con esto. ¡Coño! Él expulsó a gorrazos a los mercaderes del Templo. Algo no cuadra. Pero yo, arriesgando levemente mi pellejo, y a peligro de que los hombres de negro (esos de la voz untuosa y el alzacuellos) me capen, o me excomulguen, o algo, he encontrado y comunico al mundo la explicación que explica (valga eso) por qué estas fiestas son como son.

33 años despues del antihigiénico Nacimiento en un establo, nuestro protagonista fue debidamente torturado, machacado y crucificado –en principio- para expiar nuestros pecados que, a esas alturas debían de ser ya muchos. Prometio que resucitaría al tercer día para subir a los cielos con su padre (que por alguna razón que nunca he logrado desentrañar era él mismo junto con un pájaro), y alguien resucitó, pero no fue ese hombre bueno. Como todos recordaréis Jesús no murio solo en el Gólgota. Estaba acompañado, a la derecha por Dimas (el buen ladrón) y a la izquierda por Gestas (el ladrón que no quiso arrepentirse). Supongo que en esa época la… llamémosla estructura burocrática del Cielo no estaba montada del todo, y tuvo que ser El Inefable quien cursó y delegó de forma imperfecta la resurrección de su Hijo Predilecto muerto a manos de sus otros hijos. Bueno… imaginad la carga emoncional del asunto, un hijo recien muerto y todo eso, el caso es que El Inefable cometio algún tipo de error administrativo y, la resurrección, en vez de llegar a su destinatario le llegó al cabrón de Gestas y fue este quien subio a los Cielos y se apalancó a la Derecha del Padre. Y allá que se quedó, y por eso tenemos las navidades que tenemos. Algo que originalmente fue pensado como una fiesta de reconciliación se ha transformado, junto con San Calentín, en la fiesta del neoliberalismo más recalcitrante; porque vamos a ver ¿existe ladrón más cabrón e irredento que el neoliberalismo que, auxiliado por su hijo el márketing (padre de todas las frustraciones) roba a los pobres para dárselo a los ricos? Yo diría que no. Y claro, así nos va, así nos luce el pelo con esas sonrisas psicóticas y esas cargas de regalos que casi nunca nos podemos permitir.

Y la cosa no queda aquí, otro día hablaré del tal Papá Nöel, otro hijoputa vasallo de Gestas.

Pero eso será otro día.

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