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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2005.

02/07/2005

El Quijote hip hop


Editado el 27 de agosto.

Esta rectificación es necesaria porque lo que sigue, el resto del post no es mas que una gigantesca metedura de pata. La mayor que he cometido en mucho tiempo.

Todo empezó con la llegada a mi correo del texto que he puesto entrecomillado y en negritas al final, y que estaba atribuído –ahora, gracias a alguien que se hace llamar Cuervo, sé que erróneamente- al espectáculo «El Quijote hip-hop». Supongo que la indignación que muestro en el post es comprensible pero no justificable, porque de hecho el texto no tiene nada que ver con ese espectáculo. Y eso es algo que yo debería haber confirmado, pues alrededor de ese texto gira todo el post. Sin embargo no lo hice.

Mi primera intención al darme cuenta de la magnitud del ridículo que he hecho ha sido borrar el post completo y si te he visto no me acuerdo. Mala idea. Prefiero que se quede aquí, junto con esta aclaración para recordarme que me he portado como un perfecto capullo cayendo de bruces, y con una elegancia comparable a la de una mierda rodando por una cuesta, precisamente en algo que he criticado muchas veces. Además, siempre me ha gustado esa frase que dice que en el pecado está la penitencia.

Para terminar con esto, quiero dar las gracias a Cuervo por hacerme ver que estaba en un error dándome de paso una lección de tolerancia, y pedir disculpas a quien he molestado (agredido) con mi escrito.

A partir de aquí la cagada:


Llevo un buen rato mirando la página en blanco y dándole vueltas al tema para ver cómo enfoco esto. La verdad es que no me apetece nada ponerme a jurar en arameo, aunque la ocasión, os lo aseguro, lo merece. Hoy mismo comienzan mis vacaciones y no quiero empezar de mala manera echando espumarajos por la boca. Vale, respiremos hondo y comencemos.

Este año se cumple el cuarto centenario de la publicación de las aventuras de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, «El Quijote» para los amigos. Ya sabéis, hace cuatrocientos años, un tal Miguel de Cervantes Saavedra, veterano y mutilado en Lepanto, y pobre como las ratas, dio a la imprenta la primera parte de la que sería reconocida como Obra Cumbre de la literatura universal. Ahí es na. Como quiera que están de moda celebrar las cifras redondas, en una suerte de concursos para ver quién hace más el gilipollas a cuenta del erario público, nos hemos encontrado con que ministerios, comunidades autónomas, ayuntamientos y algún que otro organismo que parecía serio a primera vista, se han liado a codazos en una demencial carrera intentando demostrar quién es más quijotil, quijotesco, o quigilipollas. Todo ello promovido y gestionado por elementos de cargo electo o adjudicado al mejor lamedor de grietas, que estoy seguro –y en esto me apuesto el meñique de la mano derecha, el de darle a la eñe- lo más cerca que han estado de leer el libro ha sido una lectura apresurada a alguna edición adaptada para niños. Más que nada para imbuírse del espíritu general de la cosa, pa qué más. Eso sí, no dudo que tan ínclitos ceporros habrán estado amorosamente asesorados por el elenco habitual de palmeros finos; intelectualóides de aquí te pillo aquí te mato cuyo único talento consiste en mamar más y mejor de la Teta Pública. Bueno, la verdad es que con todo esto contaba y no he hecho demasiado caso. Y mira que me he encontrado con chorradas dignas de ser enmarcadas: desde una presunta oferta de empleo para disfrazarse de Quijote e ir haciendo el gilipollas por los llanos manchegos para ambientar al turismo (Oh God! Typical Spanish y todo ese rollo) hasta ediciones en catalán para que elementos como el tal Josep Lluis PÉREZ Carod-Rovira, mundialmente conocido por haber renegado del apellido de su padre, no tengan que torturar sus meninges leyendo el libro en la lengua en que fue escrito. Que tambien hay que joderse, sabiéndose como se sabe que ha habido gente, entre ellos Freud, que ha aprendido español para poder leer El Quijote en la lengua en que fue redactado. Pero no hay que tenerlos en cuenta, seguro que eran unos reaccionarios y unos retrógrados; y Freud además estaba como una becerra y veía pililas por todas partes. Como decía he ido pasando del tema como he podido, y no ha sido fácil. Sin embargo y a mi pesar, tengo a los ganadores para quigilipollas del cuatricentenario.

And the winner is: la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Biblioteca Nacional de España y Radio 3 de Radio Nacional de España por su montaje «El Quijote Hip Hop ¿De qué lloras corazón de mantequillas?» Al parecer, algún lumbreras licenciado en queguay-deverdáoseismo, se ha enterado que a la juventud española le da como yuyu acercarse al Quijote. Y en eso tiene razón el payo. Los pocos que lo han leído lo han hecho por obligación y de mala manera porque es –o era- lectura obligada en los institutos. Y claro, como todo el mundo sabe tendemos a cogerle manía a todo aquello que nos obligan a hacer. Yo mismo, que soy un lector compulsivo he tenido auténticos problemas con ese libro hasta hace bien poco. Con el tiempo me he dado cuenta de varias cosas: no hace falta leerlo de tirón ni poner gesto serio y concentrado porque, aunque es un libro muy profundo, tambien es muy, muy divertido. Es perfectamente lícito abrirlo al azar y ponerse a leer sin que pierda un ápice el encanto. Tambien he aprendido que el jodío manco era dos cosas: un cachondo y un tío muy inteligente. Sin embargo, al lumbreras que citaba al principio del párrafo parece que se le ha ocurrido que la mejor forma de hacer llegar El Quijote a la juventud es destrozándolo sin piedad. Y vive Dios que lo ha hecho. El tío se pondría a pensar. Vamos a ver. ¿Qué identifico yo con la juventud española? pues está bien claro, el movimiento hip hop. ¡Coño! Aparte del jamón pata negra y la tortilla de patatas (ah, y los caramelos con palito) ¿Hay algo más nuestro que el movimiento hip hop? Si hasta el mismo nombre lo indica. Pues bien, sabido esto buscaron a unos cuantos músicos, unos cuantos artistas plásticos, unos cuantos bailarines y con el asesoramiento literario de un tal Juan Antonio de Villena se pusieron manos a la obra para hacer una adaptación superchupimegaguay, y asequible para la juventud española. El caso es que tengo la sospecha de que los músicos no han visto un pentagrama en su puta vida, los artistas plásticos se han ganado su fama ensuciando paredes de una forma más o menos elaborada, y los bailarines, más que bailar parece que tengan un ataque epiléptico. Al tal Juan Antonio de Villena no lo conozco. La cosa se estrenó en la escalinata de acceso a la Biblioteca Nacional y parece que fue vistosa. Muchas luces, mucho ataque epiléptico, y en un arranque de lucidez, los graffitis, que es como se llama ese arte plástico con tanto colorín, en vez de plasmarlos para la posteridad en el edificio de la Biblioteca los proyectaron quedando todo muy bonito y muy lucido. Bueno, la repanocha. Y lo más de lo más, lo que de verdad le dio la puntilla al texto original elevándolo a la altura de una MIERDA, las letras; o las rimas como gustan de llamarlas estos hiphoperos de escaparate. ¿Crees que me estoy pasando? Vale. Entrecomillado y en negritas pa que resalte como merece te dejo un ejemplo, un botón de muestra:

«Yo tío, yo soy eterno, en mi barrio me conocen, ya te jode, como Alonso Quijano el bueno. Por caminos de la Mancha y por Costa Polvoranca yo desfago los entuertos. No estoy loco, no voy ciego, estoy solo, sólo eso. No me van las dulcineas, ni los dulces ni las nenas, yo a las pivas con la priva las meneo, las ensarto en una ristra y luego las dejo. Tú eres Sancho , maricón, el de la Panza, tienes calzas y yo lanza, tienes asno y yo un buga alucinante, al que llamo Rocinante , tú me sigues y yo mando, donde tú comes yo cago, comepollas, felón, drogata, bujarrón, rayao, capón. Heme aquí, tan friqui, tan natural, con mi cebolleta en la Biblioteca Nacional, con mis rimas bien pagás, con las rosas bien regás, los colegas en el trullo y una banda de capullos coreando mi verdá».

De esta joya de la cultura patria, yo me quedo con lo de las rimas bien pagás –no lo dudo- y con lo de la banda de capullos coreando. Completamente de acuerdo.

Me gustaría terminar con una reflexión completamente personal. Puedo comprender que existan capullos sin talento ni respeto, que se dicen artistas y son incapaces de crear algo bueno. Lo que no me entra en la cabeza, es que esos mismos capullos subvencionados, justifiquen su falta de talento confundiendo rimas con ripios y destrozando lo mejor que han dado nuestras letras.

Solo eso.
02/07/2005 15:17 Enlace permanente. Tema: Cajón desastre Hay 23 comentarios.

19/07/2005

Mi Scalextric y las investigaciones paranormales: juegos de niños

Queridos reyes magos:

Este año he sido tan bueno como siempre, al menos tan bueno como el cabrón de Luisito. He hecho mis tareas, he sido obediente… vamos, que me he comportado como se supone que debe comportarse un niño bueno. Es por eso, que un año más, al igual que llevo haciendo prácticamente desde que tengo uso de razón, os pido que de una puñetera vez me traigáis el puto Scalextric (el nuevo Monza a ser posible, aunque me conformaría con algo más pequeño). Mi premura se debe a que, como sabéis queda poco tiempo. El año próximo habré dejado de creer en vosotros y aunque seguiré escribiéndoos más que nada para continuar con el paripé, ya no será lo mismo. Para terminar, creo que debería ser innecesario recordaros que, aunque Luisito es un cabrón que apedrea perros, levanta la falda a las niñas y además es el último de la clase, le dejasteis el Scalextric hace años.
A ver si se os ve el detalle.

Vuestro afectísimo:

Poquetacosa.

Como habréis adivinado, el Scalextric no llegó ese año, tampoco el siguiente ni el siguiente. Con el tiempo Poquetacosa se enteró de quienes eran en realidad los reyes magos y claro, se olvidó del juguete de sus sueños. La situación económica de su familia era bastante jodida y el Scalextric un juguete muy caro. En el caso de Poquetacosa se trató del Scalextric, pero seguro que conocéis otros: espectaculares trenes eléctricos, estupendos coches y aviones radio controlados, maravillosas casas de muñecas que tenían hasta el último de los detalles… juguetes que nunca llegaron o que sí lo hicieron; en cualquier caso, llegaran o no, invariablemente nos marcaron con su magia.

Y al final crecemos; nos hacemos adultos o al menos lo parecemos pero no olvidamos aquellos maravillosos juguetes que tanto nos hicieron soñar. La edad adulta, con sus responsabilidades y sus quebraderos de cabeza trae también una independencia económica más o menos desahogada. Y claro, caemos en la tentación y rescatamos esos maravillosos artefactos de las brumas de la memoria infantil. Recurrimos a las excusas más rastreras usando a los niños –hijos, ahijados, sobrinos…- como pantalla; niños que, por otra parte, no dejaremos que se acerquen a menos de dos metros al trasto en cuestión: son demasiado pequeños, son demasiado destrozones, cuando crezcan un poco… Mientras tanto no dudamos en recurrir al eufemismo. Por arte de birlibirloque han dejado de ser juguetes, ahora son hobbyes perfectamente serios, equiparables a la jardinería, la filatelia o la bibliofilia. Para respaldar esa ilusión existen revistas especializadas, reuniones temáticas y demás parafernalia. Nos comunicamos usando nuestros propios códigos incomprensibles para el lego: durezas de ruedas, distancias entre ejes, lubricantes especiales y motores trucados. Sin embargo al final la cosa se reduce a unos cuantos adultos perfectamente responsables en cualquier otro ámbito, que disfrutan como enanos haciendo carreras con cochecitos de juguete. Y vive Dios que la cosa es divertida.

Con lo paranormal y lo misterioso ocurre algo parecido. Al menos con la vertiente más inocente de lo paranormal, aunque a veces inocentes y desaprensivos llegan a confundirse hasta el punto resultar imposible separarlos. No hablaré aquí de la parte más sórdida, esa que anda rozando el delito y se aprovecha sin ningún sonrojo del miedo, la incultura y la desesperación de los demás para ganar unos duros. De lo que hablo aquí hoy, es de niños entrando a medianoche en cementerios y caserones abandonados por el simple placer de tener miedo (que placentero ese miedo inofensivo a fantasmas y aparecidos, que diferente es de los miedos reales a que te peguen un tiro, a romperte el bautismo en cualquier carretera o simplemente a no llegar a fin de mes), de niños temblorosos y felices al ver cómo se mueve el vasito sin que «nadie» lo empuje. Hablo de historias, completamente reales, claro, de terrorífico e imprevisible final contadas con voz cavernosa a la luz de una hoguera mientras sentimos ese agradable estremecimiento en la columna vertebral. De la imaginación infantil aplicada a «luces raras» que se ven en el cielo de noche.

Estos niños son los mismos niños que soñaron con un juguete y también crecen. En la mayoría de los casos, la formación, la experiencia y el sentido común les niegan el disfrute de esos placeres, de ese cosquilleo, de ese estremecimiento, de ese miedo infantil a lo misterioso. Sin embargo existen casos en los que esto no ocurre. El sentido común pierde por goleada y el eufemismo es estirado hasta el límite de su resistencia. Ya no son placeres infantiles. Ahora son investigaciones serias. Al más puro estilo de los niños, que transforman el sillón en un barco pirata y el espacio debajo de la mesa en un inexpugnable castillo, ellos transforman la grabadora en una ventana al mundo de los difuntos, la cámara de fotos –Photoshop mediante en los casos más agudos- en notario de lo maravilloso y lo oculto. Para dar más sensación de credibilidad alardean de los kilómetros que hacen, del dinero que les cuesta, del tiempo que roban a otras actividades en su incesante búsqueda de la Verdad (así, en mayúsculas y sin anestesia). Eufemismos. Porque lo que de verdad andan buscando es ese cosquilleo, ese estremecimiento, ese placentero miedo infantil por lo misterioso. Lo maravilloso y lo sorprendente en su estado más puro: recién salido de la imaginación. ¿Me equivoco? Tal vez, no me hagáis caso. Solo daos una vuelta por la Red y echad un vistazo a las páginas de corte paranormal. Encontraréis, aparte de multitud de chorradas, muchos colores oscuros, ambientes tenebrosos, casas encantadas, cruces de cementerio y desenfocadas y espeluznantes fotos trucadas de fantasmas. Escuditos pseudo policíacos, intrépidos chalecos multibolsillos y términos científicos que, por alguna razón y paradójicamente han adoptado los aficionados al oscurantismo. Verdades de juguete como niños que se disfrazan de piratas.

Aunque los mecanismos sean similares, hay una diferencia entre el aficionado a hacer carreras con cochecitos de juguete y el flamante investigador paranormal. Yo termino la carrera, guardo los coches perfectamente consciente de que son coches de juguete, y sigo con mi vida como si tal cosa. Los aficionados a lo paranormal van perdiendo paulatinamente el contacto con la realidad hasta el punto de llegar a negarla en algunos casos. Para ellos los «misterios» que «investigan» no son de juguete, para ellos son cosas importantes que cambiarían la faz del mundo si no fuera por los macabros hombres de negro. Ya no son niños grandes, son incomprendidos galileos. Y claro, así les luce el pelo.


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