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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.
 Aviso que hoy vengo calentito y voy a ser malhablado. Los espíritus sensibles, políticamente correctos y presuntamente inocentes mejor que no sigan adelante.
Hace algún tiempo, no recuerdo exactamente cuanto, la parienta y yo recibímos por correo sendos sobrecitos con el membrete de Banesto, banco del que somos clientes. Dentro de los sobrecitos ¡Oh sorpresa! una carta muy sentida y muy pelotillera: que si por ser clientes cojonudos, que si patatín, que si patatán, y una visa® oro Banesto. Despues de digerir el almíbar y el glamouroso momento, decidimos que con la pasta que tenemos, nos basta y nos sobra con la tarjeta del cajero y la visa de infantería, que una visa® oro Banesto es algo que no necesitamos. Porque vamos a ver, eso de llegar a Tiffany´s o a Harrod´s, llenar tres carros, o cinco cestitas de diseño de productos innecesarios y carísimos, y tirar de tarjeta dorada al pasar por caja, debe ser la polla en bicicleta; un momento casi orgásmico. Sin embargo, si el trocito de plástico no está respaldado por cinco o seis ceros con un uno (o un número mayor) delante en la cuenta corriente, la cosa no deja de ser mas que un adorno caro para la cartera, que además te cuesta quebraderos de cabeza, malos rollos e insatisfacción. En la cartita, eso sí, nos dicen que para poder usar la tarjeta deberemos activarla antes, que si no la activamos aquí no ha pasado nada, la tarjeta seguirá siendo un trocito de plástico sin más valor que el decorativo y seguimos tan amigos. Y una mierda como un seiscientos, pensamos la parienta y yo que en cuestión de bancos somos como el gato escaldado. Así que hacemos una visita que debería haber sido innecesaria a la sucursal de Banesto en Requena y le decimos a la gente de allí (por cierto, si seguimos siendo clientes de ese banco es por el trato que nos dan en la sucursal, si no, de qué) que no queremos las tarjetas, que las envíen a quien corresponda y que a ser posible, el susodicho o susodicha, se las meta bien metidita por donde no brilla el sol en pago por habernos hecho perder el tiempo. Y así quedó la cosa, o eso creíamos nosotros hasta finales del mes pasado, cuando nos encontramos dos cargos en la cuenta por valor de 25 leuros cada uno, y en concepto de comisión de tarjeta de crédito. La jefa que se va al banco para pedir explicaciones, y tras la comprobación pertinente le comunican que los cincuenta del ala corresponden a la comisión de dos tarjetas visa® oro Banesto. El cabreo fue considerable, pero fue aún mayor cuando tras el asesoramiento de la chica del banco y la llamada correspondiente, se avienen a anular la tarjeta de ella pero no la mía “porque no me encontraba presente para autorizarlo”. De nada sirvió que la empleada de la sucursal hablara con buenos modos con la teleoperadora de Madrid, de que le explicara que las tarjetas nunca habían llegado a ser activadas. Que no, que nones, que verdes las han segado, que la tarjeta la anula el titular o nadie; a pesar de tratarse de una cuenta conjunta, de estar uno de los titulares presente, y de que la del banco se hiciera personalmente responsable de que dicha anulación estaba debidamente autrizada. Total, que me toca llamar personalmente, identificarme poco menos con la papela en la boca, con huellas dactilares y con escaner de retina, y aun así... nones. Eso lo achaco yo, a que la teleoperadora debía ser tonta del culo porque despues de ciscarme en la visa® oro Banesto, en el Misterio del Orient Express y en varias generaciones del hideputa al que se le había ocurrido que yo necesitaba una nueva tarjeta de crédito sin molestarse en consultármelo, seguía, la pánfila, intentando venderme la moto. Total, que al final consigo convencerla (lástima no haber grabado la conversación porque si ha habido alguna vez una conversación de besugos fue esa) y me comunica que en un par de días recibiremos un reintegro por el importe sustraído. Pues bien. Ha pasado un mes y de reintegro nada. De hecho estoy empezando a dudar que dicho reintegro llegue a producirse. Paso de volver a llamar porque si tengo que soportar otra conversación como la que tuve, o corre la sangre o a mí me da un jamacuco del mismo cabreo, que uno ya está entrando en edad de peligro cardiaco.
Y es que lo de los teleoperadores (y que me disculpen los profesionales decentes, si los hay), sobre todo los de televenta: que si servicios de internet, que si tarjetas, que si préstamos que son una ganga, oiga, tiene cojones. Les dices en buen castellano que lo que te ofrecen no te interesa, que de hecho tu opinión no ha cambiado en las veinte últimas llamadas, y ellos como quien oye llover: “¿entonces no le interesa el chollo que le ofrezco?”. Pues no, no me interesa, si llega a interesarme no dude usted que me pondré en contacto con ustedes. “Ah, vale ¿Me permite entonces que le explique las ventajas de nuestro chollazo?... Es que son de piñón fijo. Y esto de la venta telefónica aún lo trago, al fin y al cabo las criaturas tienen que comer y es muy triste no valer para otra cosa, porque supongo que los que valgan durarán poco en el negocio del spam telefónico. Lo que no aguanto es que un Hijo de la Gran Puta meta la mano en mi cuenta bancaria. Eso sí que no. Sin embargo no creo que pueda hablar con él, o con ellos; solo podré ciscarme en las muelas de algún pobre desgraciado que, al fín y al cabo lo único que hace es tratar de ganarse la vida en un trabajo ingrato. Lo que sí tengo es derecho al pataleo e internet es una herramienta cojonuda para eso. Así que a ello voy:
Estimado capullo:
Te imagino en tu despacho con aire acondicionado. Con tu traje caro y tu escritorio de diseño. ¡Venda! ¡Compre! ¡Judith, traigame usted un café y hágame una mamada! Ahí, imponiendo. Con el caracolillo cuidadosamente engominado detrás de la oreja y esa sonrisa de tiburón bancario que te ha hecho famoso en el mundillo y que ensayas cada mañana, justo despues de cascártela en la ducha. Te imagino presentando la campaña de la Visa® oro Banesto. Con sus correspondientes gráficos proyectados en Power Point, sus riesgos, sus estimaciones: “de cada tantos pardillos caerán cuantos”, tal vez alguna salida jocosa (pero no demasiado) para aliviar tensiones. Ese día estuviste glorioso. De verdad. Dejaste a tus superiores (todos de tu misma ralea) impresionados: “Este muchacho vale”, “Llegará lejos”... Vamos, que no te das palmaditas en la espalda porque no llegas. Para vosotros, los que estamos en la base de la pirámide no somos personas, ni siquiera somos clientes; somos meros números cuya única razón de existir es haceros cada vez más ricos.
Pero te equivocas. Colega. Mira, a mis ojos y a los de la mayoría de la gente tú no eres lo que imaginas. Tú eres al mundo real lo que un spammer es a internet: un vulgar mierda al que todo el mundo odia. No solo eso, por meter la mano en mi cuenta bancaria (o propiciar que se le meta mano, me da igual) para cobrarme un servicio que no he solicitado y que incluso he rechazado explícitamente, no eres mejor que el último de los chorizos. Sí, todo es cuestión de grados ¿Verdad? El que roba una gallina es un ladrón, el que roba millones, un genio de las finanzas. Pero eso no es así. Moralmente no eres mas que un puto cuatrero con un traje caro y un buen coche. Un Hijo de la Gran Puta a todos los efectos, vamos. No, amiguete, no tienes un buen coche y un chalet cojonudo porque te lo hayas ganado, sino porque los mierdas de los políticos que tenemos la desgracia de sufrir os hacen el caldo gordo mientras legislan acorralando cada vez más al consumidor, a la base de la pirámide, o simplemente miran hacia otro lado sin olvidarse, eso sí, de poner el cazo mientras vosotros os dedicais a vuestros saqueos.
¿Crees que eso puede durar siempre? Yo creo que no. Con vuestra irresponsabilidad, vuestra cultura del pelotazo y el enriquecimiento rápido estais matando a la gallina de los huevos de oro, mordiendo la mano que os da de comer. Y eso no es bueno, colega. Todo tiene un límite. Solo espero que no tenseis demasiado la cuerda porque si se rompe, no va a ser bueno para nadie. Te haré una confidencia: a veces casi deseo que lleguéis demasiado lejos y que todo os estalle en los morros, por el simple placer de veros a algunos de vosotros bien colgaditos por las pelotas. Recuerda: nosotros somos más. Muchos más.
Sin otro particular, y deseándole a usted que desarrolle un cálculo renal con el tamaño de un garbanzo y la textura de una estrella ninja, reciba un afectuoso saludo.
Poquetacosa. ACTUALIZACIÓN A 2/9/2007: Aquí , uno diciendo algo parecido pero diciéndolo con más oficio.
 Aprovechando, o más bien debido a estos calores, voy a actuar más o menos en contra de mi naturaleza y a dar por buenas, aunque solo sea de entrada, todas y cada una de las teorías, llamémoslas heterodoxas, que se refieren al antiguo Egipto con su Gran Pirámide como indiscutible diva. Sin embargo, desde ya aviso que estoy imposibilitado para identificarme con los heterodoxos más ortodoxos, esos que babean y hacen la ola diciendo amén a todas y cada una de las teorías, cuanto más rocambolescas mejor, que se afanan en parir personajes de la más variada calaña: desde investigadores más o menos reconocidos en otros campos poco explotables mediáticamente, y que se lanzan al Nilo de la Egiptología en busca de su minuto de fama, hasta extraños iluminados, parroquianos habituales en la barra libre de las teorías más alucinantes y que transforman la osadía de la ignorancia en una forma de vida. Yo, aun a riesgo de arder en los fuegos inquisitoriales del "porque yo lo valgo", voy a comportarme como un heterodoxo ligeramente heterodoxo (valga la redundancia). Voy a hacerme preguntas incómodas, pero siempre desde una mentalidad abierta, en un intento de que alguien tenga a bien iluminarme. Las preguntas de hoy, tras una breve introducción para ir entrando en calor, las dedicaré al tema más molón que imaginarse pueda en esto de la egiptología más heterodoxa: Extraterrestres y pirámides. Es cosa sabida, que las dificultades técnicas que entraña una construcción como la Gran Pirámide, difícilmente podrían ser solventadas en la actualidad con todos nuestros gadgets y avances tecnológicos: errores de orientación en sus caras inferiores a un grado, bloques pétreos de tal magnitud que pondrían en aprietos a las más potentes de nuestras grúas, trepanaciones en el granito que hacen palidecer de envidia al mismísimo Rocco Sigfredi, ... la lista se extiende inacabable, inabarcable, insondable; desafiando a nuestra razón y nuestro entendimiento. Hace algunos años, los japoneses intentaron construir una réplica de la Grán Pirámide (no me preguntéis por qué se empeñaron en tal cosa) y no tuvieron más remedio que dejarlo correr, abrumados por la magnitud de tal obra. Y mira que los japoneses cuando se ponen, se ponen. Mira tú si no la Grán Muralla. Concluimos, pues, en que la Humanidad, no puede sino postrarse impotente ante la Grán Pirámide, y gemir y temblar abrumada por su Grandeza y Perfección. [Nota al margen: hay que ver, la heterodoxia, cómo hincha la prosa] Entonces, si a la Humanidad no le queda otra que postrarse y todo eso ¿Qué nos queda? LA AYUDA QUE VINO DE LAS ESTRELLAS. Ahora imaginemos, pues es cosa sabida que sin imaginación la ciencia no avanza ni un poquito. Imaginemos una nave interestelar procedente de Sirio. Esos motores de antimateria, esas aleaciones chorripilantes que igual aguantan un roto que un descosido, esas lucecitas de colores parpadeantes. Ese pedazo de crucero espacial, decía, acercándose con viril elegancia a la pelotilla de barro azul que llamamos hogar. Esa escala en Mali para iniciar a sus habitantes en los Secretos del Universo; y por fín, su arribada majestuosa al Valle del Nilo dejando de paso, debidamente flipados a sus habitantes ante tal alarde de tuning. Las luces que se atenúan, los egipcios (tan primitivos ellos) que contienen la respiración, el ensordecedor, el reverencial silencio que se apodera del valle. Y tras la necesaria pausa efectista, la escotilla ventral se abre y de ella surge un cegador, un brillante haz de luz antigravitatoria. Por ella, descienden majestuosos (este adjetivo ya lo he utilizado un par de veces ¿no?) los ocupantes de la nave: los Extraterrestres. El que parece ser el jefe, altivo y bronceado como un Julio Iglesias intergaláctico -Sirio de cerca tiene que pegar del copón-, dirige su mirada hacia Sakkara, dirige su mirada hacia Medium, dirige su mirada hacia los nativos y dice: ¿Y a esa mierda lo llamáis vosotros pirámides? ¡Amos anda! ¡Chapuceros! Os vamos a cascar aquí una pirámide que os vais a cagar en el taparrabos. Y se pusieron manos a la obra. Con sus teodolitos laser, de un aprecisión micromética alinearon las caras, con sus densisimos serruchos sónicos cortaron la piedra con una precisión milimétrica (gran-productividad-no-necesita-pulido-posterior), con sus supertaladros fabricados en Aldebarán taladraron lo que hizo falta, con la punta de la p... este... con gran facilidad y sus carretillas antigravitatorias, trasladaron los bloques donde hizo falta. Sus superordenadores codificaron la información necesaria y que aún espera para ser leída en las proporciones, en los ángulos, en la esencia misma de las piedras. Y un buen día la Pirámide quedó terminada (llave en mano ¡Grandes Facilidades De Pago!); sus constructores se marcharon como habían venido: majestuosamente, y los nativos se quedaron allí con la boca llena de moscas, que es lo que ocurre cuando uno la tiene abierta el tiempo suficiente. -Verás cómo se va a poner Hemiunu, casi tenía esa parte de la meseta allanada para construir ocho campos de fútbol. -Pues el balompié tendrá que esperar, a ver quién es el guapo que desmantela esa mole ahora. -Te habrán dejado el libro de instrucciones al menos. -Lo dejaron, pero lo tiré al río. -No jodas. -Sí, es que estaba en blanco. -¿En blanco? -Dijeron algo así como que siendo como somos una civilización tan atrasada, nos dejaban las instrucciones en CD-ROM. -Bueno, ya nos iremos apañando. Y esta es la Teoría: sólida como el granito de Aswan. Sin embargo en una mente con cierta inclinación a la herejía suscita una serie de preguntas incómodas. ¿Dónde están las inscripciones que describen tamaño acontecimiento y las técnicas empleadas para llevarlo a cabo? ¿Dónde están los restos arqueológicos que nos harían mirar hacia las estrellas? ¿Por qué no utilizaron los egipcios los conocimientos tecnológicos adquiridos para lograr la supremacía en todo el Mediterráneo? No eran angelitos, luchaban por los recursos y las rutas comerciales como todos sus vecinos. ¿Cómo es posible que la visita de una civilización tan anacrónicamente avanzada con respecto a los antiguos egipcios no haya dejado nada de nada, no ya para identificarla, sino para intuir siquiera su presencia? ¿Recogieron todos los trastos y luego borraron la memoria de todos los habitantes del Valle del Nilo? ¿Por qué eran sus instrumentos de observación celeste tan toscos y sus conocimientos tan parciales despues de haber estado en contacto directo con las mismisimas estrellas? Si a alguien se le ocurre alguna otra pregunta incómoda, que no dude en dejarla en los comentarios.
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